Extraños en un tren

Es posible que los actuales líderes mundiales nos lleven hacia la extinción, que nuestro mundo tal y como lo conocemos se acabará tarde o temprano y que únicamente las cucarachas vivirán para contarlo. Pero hoy tenemos buenas noticias: hemos sobrevivido a nuestro primer viaje en tren por La India.

Nuestro camino nos trajo desde la capital, Delhi, hasta la ciudad de Jaisalmer, situada a diecisiete horas al suroeste. Claro que esto es lo que ponía en nuestro billete, porque la realidad puede ser bien distinta. Según hemos constatado, los trenes indios tienen la misma credibilidad que las personas que tardan más de diez minutos en tomarse la primera caña: NINGUNA. Además, como no paran de recordarme vaya donde vaya, ‘’Everything is possible in India, Mister’’

Delhi estación de tren India
Entrada principal a la caótica estación de tren de Nueva Delhi

La estación de tren de Delhi está abarrotada de gente. Nada más poner un pie dentro de la misma, todo el mundo se puso de acuerdo para practicar uno de sus pasatiempos favoritos: mirar fijamente a los extranjeros. Cualquier cosa que hagamos, por cotidiana que parezca, resulta apasionante para todos los ojos de la estación. Estábamos en otro mundo, y no paraban de recordarnos que allí éramos extraños. Vemos personas durmiendo en los bancos, en los pasillos y en todos y cada uno de los rincones de los andenes.

Encima de los trenes que esperan estacionados la hora de la salida, distinguimos a lo lejos siluetas de algo que se mueve incansablemente, saltando con los brazos en alto y observando desafiantes a la multitud. Según nos acercamos, por fin lo vemos claramente. Un grupo de monos marcando su territorio un domingo cualquiera. Todo el mundo les ignora, pero yo no puedo evitar reírme como un idiota. Después de un buen rato, Ángela me sacude una colleja: ‘’Elige, monos o tren’’. A regañadientes, subimos a nuestro vagón.

Extraños en un tren a Jaisalmer
El vagón-celda en el que fuimos hasta Jaisalmer
Tren sleeper La India
Las puertas del Hades. Al otro lado, oscuridad

Es curioso esto de viajar en tren en un país extranjero. La llegada al vagón siempre suscita júbilo y miradas curiosas entre la población local. Tras unos prudenciales cinco minutos, comienzan a hablar entre ellos, sonríen y nos miran de reojo, hasta que alguien por fin rompe el hielo y lanza la pregunta de rigor: ‘’¿De dónde venís? Inmediatamente viene la segunda cuestión, que en la mayoría de casos suele ser: ‘’¿Estáis casados?’’. Ante esto acostumbro a hacer algo muy gallego, responder con otra pregunta:‘’¿Tú que crees?’’ A partir de ahí siempre les doy la razón, si creen que sí, afirmo, y si creen que no, niego. Por algún motivo, eso les da la confianza suficiente para abrirse definitivamente y considerarnos uno más. Da igual que estés en Vietnam, en Irán o en La India, nunca falla.

Tras la charla, el té y las galletas, llegó el momento más peliagudo de todo el trayecto: ir al lavabo. En un tren indio esto adquiere dimensiones paranormales. Me abrí camino a través de pasillos sin aire donde se amontonaba la gente, esperando que no fuese para tanto y que mis prejuicios me dejasen en mal lugar. Pero confiar en que el lavabo de un tren indio esté limpio y acondicionado es igual que intentar ligar en un funeral, existe una remota posibilidad.

Así que, a falta de una escafandra, tuve que recurrir al viejo truco de aguantar estoicamente la respiración y pensar en cosas bonitas. ¿Recordáis a Ewan McGregor visitando el baño más sucio de Escocia? Pues igual, pero sin metadona. Después de jurar amor eterno al papel higiénico, nos entretuvimos como pudimos antes de dormir, o al menos, intentarlo. Desde el punto de vista del descanso, nuestras camas tenían la misma ergonomía que una tabla de planchar.

Fuerte de Jaisalmer La India
La vista al fuerte de Jaisalmer desde la terraza de nuestra bonita Guesthouse

Jaisalmer India

Ciudad de Jaisalmer India

Templo de Jaisalmer

Llegamos a Jaisalmer rendidos, después de casi veinte horas, nuestra nueva plusmarca personal. Por suerte, nos resulta sencillo saber dónde tenemos que bajar. Nuestro destino es la última parada. Digo por suerte porque los nombres de las estaciones están escritas en algo que suponemos hindú y por supuesto nadie avisa por megafonía de qué parada es cada cual. Nada más poner un pie en la estación, un chico nos ofrece opio. Supongo que es porque la gente no acostumbra a dormir bien en estos trenes, y además estamos cerca de la frontera con Pakistán. Como ya es lunes declino la oferta y le pregunto si tiene forma de llevarnos al centro. A los diez minutos, estamos subidos en un jeep camino de la ‘’ciudad dorada’’.

Hace un calor asfixiante y se me ocurre preguntarle si tiene cerveza. Después de invadir el carril contrario, aparcar dentro de una propiedad que sospecho no era suya y evaporarse durante unos minutos, vuelve con dos Kingfisher bien frías. Ante mi evidente cara de asombro, el chico asiente y se limita a decir: ‘’Everything is possible in India, Mister’’

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sandra dice:

    Ainsss… que vistas preciosas desde donde os alojabais…. me encanta Javi y Ángela que cada vez que llegáis aún destinó nuevo siempre cae una cervecita… 🤣

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  2. Figo dice:

    “Elige, monos o tren” Jajajaja. Que grande.
    Abrazos.

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    1. villaverdus dice:

      Están por todas partes! Es de las cosas que más molan de La India 🙂

      Me gusta

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