Una noche en el desierto del Thar

En La India, mis ideales se ponen a prueba constantemente, como si su gente se empeñase en tirar mi optimismo por el retrete. Sin embargo, hace unos días conocimos a alguien que vale la pena.

Mokam ha vivido toda su vida alrededor del Thar. Viste siempre de blanco impoluto, luce bigote con estilo y en raras ocasiones se separa de su llamativo turbante rojo. Un tipo con carisma. Nos cayó bien enseguida. Se gana la vida haciendo de guía en expediciones locales por los alrededores de Jaisalmer. Cuando nos propuso pasar una noche en el desierto del Thar, no dudamos ni un instante y  acordamos partir al día siguiente.

Nos alejamos unos 50 km de la ciudad, dejando atrás el bullicio de los mercados y la vieja ciudadela. Atravesamos el campo al tiempo que veíamos rebaños de ovejas, burros y cabras, guiadas por pastores bajo un sol calcinante camino de alguno de los humildes poblados de la región.

aventura en el desierto del Thar

llegada al desierto del Thar Jaisalmer

Llegamos al fin al último lugar habitado antes de entrar en el desierto del Thar, donde aguardaba la comitiva de camellos que cargaría con el equipo necesario hasta nuestro destino para pasar la noche. Llegamos alrededor de la media tarde, agotados. Apenas habíamos comido nada en todo el día porque a más de 40 grados de temperatura, a la vida solo le pides aire acondicionado y agua muy fría. Nos tuvimos que conformar con un ventilador y agua del tiempo, ya que en nuestra guesthouse son más de pensar que con el calor la gente ansía yogur de plátano, con lo cual en la nevera no abundaba otra cosa.

Pero volvamos al desierto. Ahora que la temperatura había bajado a unos nada despreciables 33 grados, se nos había abierto el apetito. Enseguida se lo advertí a Mokam. No por mí, sino por Ángela. Cuando tiene hambre, su estómago y su paciencia coexisten más o menos igual de bien que Francia y Alemania en el verano de 1870. Acordamos que unas cervezas vendrían bien para suavizar un poco las cosas, al tiempo que veíamos como caía el sol y conocíamos a nuestros compañeros de travesía, una pareja suiza y otra italiana.

camellos en el desierto del Thar

atardecer en el desierto del Thar

Poco después de ponernos al día de nuestras respectivas vidas, la cena estaba lista. El menú tradicional del desierto del Thar nos situó definitivamente en La India. Se componía de: arroz, verduras salteadas, dhal, mutton y abundante pan chapati que nosotros mismos preparamos.

menú típico rajastan

La sobremesa dio paso a una oscuridad y silencio absolutos, solo interrumpido por el tintineo de las campanas que indicaban la posición de los camellos. El cielo estaba lleno de estrellas, tantas como horas en un milenio. Nos quedamos durante un buen rato acostados mirando hacia arriba, asombrados, combatiendo el sueño hasta que no pudimos resistir.

La cerveza hizo que me despertase en mitad de la noche en el desierto, cuando todos dormían, en el Thar. Mokam sugirió que si alguien necesitaba ir al baño, no fuese más allá de las dunas, fuera del campo de visión. Caí en la cuenta de esto al día siguiente, ya supuestamente cuerdo. A las tres de la mañana, somnoliento, mi cordura estaba más allá de aquellas dunas. Creo que habían pasado algo más de diez minutos cuando me detuve. He visto suficiente cine en mi vida como para saber que si algo se mueve de noche en un desierto, nada bueno puede traer. Y si además ruge igual que mi estómago tan solo unas horas antes, hay que salir corriendo.

Y eso hice. Cuando llegué al campamento estaba roto. Me fui buscando tranquilidad y volví cruzando las dunas como una ardilla con exceso de cafeína. Encontré a Ángela despierta: ”¿Qué tal?”. Sin aliento, pero con mucha sangre fría, respondí: ”Perfecto”.

sunset desierto thar


La salida del sol en un desierto
es un espectáculo sin igual. El mundo que nos abandonó la tarde anterior y se esfumó al anochecer, vuelve de repente. Vuelven el cielo, la arena y el calor. También volvió Mokam, y con desayuno incluido.

mejor amanecer en el desierto

A las diez de la mañana, cuando emprendimos el camino de vuelta, mi cabeza seguía en aquellas dunas. No sé que se movió esa noche en el desierto, en la oscuridad del Thar, y realmente nunca lo sabré. Lo único que tengo claro es que si fuese John Fogerty ya hubiese escrito una canción sobre ello.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pili dice:

    Fantástico relato. Esta claro que en el desierto hay que evitar la cerveza. ….

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    1. villaverdus dice:

      Gracias! Y sí. No pienso volver a correr solo en un desierto 🙂

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      1. Sandra dice:

        Jjajajajja… nunca fallas con la cerveza… me ha encantado lo de la poca paciencia de Ángela con la falta de alimentos… a medida que leía me daba más miedo un posible desmayo por el calor y falta de alimentos….
        Jooo… que super experiencia pasar una noche en el desierto… debe de ser increíble….
        Me encanta leeros, es muy fácil imaginar donde estáis,pero seguro que la realidad supera a lo que yo me puedo imaginar.

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  2. Sandra dice:

    Jjajajajja… nunca fallas con la cerveza… me ha encantado lo de la poca paciencia de Ángela con la falta de alimentos… a medida que leía me daba más miedo un posible desmayo por el calor y falta de alimentos….
    Jooo… que super experiencia pasar una noche en el desierto… debe de ser increíble….
    Me encanta leeros, es muy fácil imaginar donde estáis,pero seguro que la realidad supera a lo que yo me puedo imaginar.

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