Bolonia, la Daft Punk de Italia

Cada vez que sale una noticia de un algún famoso en los medios de comunicación que pierde la cabeza por estar constantemente bajo los focos y el escrutinio de la opinión pública, crece exponencialmente mi simpatía por el dúo francés Daft Punk, que decidieron mostrarse siempre en público llevando como atrezzo unas inconfundibles máscaras robóticas. Tras más de veinte años en la cúspide de la música electrónica, todavía pueden ir a cualquier parte conservando su anonimato.

Italia es uno de los países del mundo que más turistas recibe anualmente, y resulta fácil imaginar por qué. Ciudades como Milán, Florencia o Venecia conviven en el norte del mismo país, lo cual equivaldría a tener a Irina Shayk, Adriana Lima o Margot Robbie juntas en el mismo sueño. Es decir, demasiado bonito para ser real.

Es muy complicado encontrar en Italia rincones que no estén cribados por las guías turísticas, pero, además de las ya mencionadas, existe una ciudad norteña que conserva todo su encanto con mucha más discreción, mientras los flashes de la fama continúan apuntando hacia otro lado.

Bolonia Italia
Aunque no seas arquitecto, Italia siempre te roba algún que otro suspiro

 

Bolonia, la Dotta (la Culta)

Bolonia se levanta sobre el río Reno, y es la capital de la región Emilia-Romagna. Le dicen la Culta por tener la universidad más antigua de Europa, fundada en el 1088.

En un espectacular ejercicio de arrogancia, todas las familias importantes de aquellos días erigieron una torre en su honor. En la época de mayor gloria de la ciudad, había más de 150. Hoy, solo un puñado quedan en pie. Las dos torres que se alzan sobre la Piazza di Porta Ravegnana son las más famosas. Ambas han conseguido desafiar a la gravedad y a los elementos durante cientos de años.

Asinelli Bolonia
La Torre Asinelli sobresale con sus 97 metros de altura dentro del casco histórico de Bolonia

Bolonia en tres días

Bolonia por libre
Los soportales son una de las señas de identidad más bonitas de Bolonia; olvídate de traer el paraguas

La torre Garisenda mide 50 metros, pero originalmente era mucho más alta. Lamentablemente, la familia Garisenda no se preocupó mucho por los cimientos de su torre. Su único objetivo consistía en superar en altura la de sus vecinos, los Asinelli, cuya torre casi doblaba el tamaño. Garisenda fue parcialmente desmontada en el año 1360. Actualmente sigue cerrada al público.

La torre Asinelli también está inclinada, aunque no tanto. Puedes subir sus 498 escalones para tener la mejor panorámica de toda la ciudad. En un día despejado, como en el que lo hicimos nosotros, puedes llegar a ver los Alpes. A veces, el masoquismo tiene recompensa.

 

Bolonia, la Grossa (la Gorda)

Italia es Italia, y además de visitar monumentos, hay que pensar siempre en el estómago. Bajo los soportales que atraviesan toda la ciudad se esconden algunas leyendas urbanas e incontables tesoros culinarios. Bolonia también es conocida como la Gorda, por haber creado los tortellini, la mortadela o una salsa con nombre propio, la bolognesa. Una salsa que por cierto, aquí se sirve con tagliatelle, no con spaguettiSin duda, la humanidad le debe una parte esencial de sus calorías a este lugar.

El Quadrilatero es el mercado más antiguo de Bolonia (Edad Media, nada menos). Es, obviamente, un lugar donde vale la pena husmear. Albergaba a los principales gremios de artesanía de la ciudad dentro de sus límites. Los orfebres, pescadores, carniceros, “salaroli” (trabajadores que salaban la carne para curarla), los barberos y la Sociedad de Pintores tenían sus puestos aquí.

Neptuno Bolonia

Quadrilatero Bolonia

Amor en Italia

Bolonia viajar

De todo lo que hay en el mercado, y tras darle unas cuantas vueltas (te recuerdo, amigo lector, que somos gallegos, y los gallegos no somos especialmente famosos por tomar decisiones a la ligera), nos hicimos con la trilogía esencial: queso parmigiano, prosciutto y balsámico de Módena. Medio sordo (tal vez Italia y sus decibelios inspiren mi próxima novela costumbrista) y con la compra hecha, puedes encaminarte hacia L’Ostería del Sole, tratada como un monumento más de la ciudad.

Y es que estamos hablando de una de las tabernas más antiguas del mundo: es del año 1.465. Sí, has leído bien. Este lugar ya estaba abierto antes de que Copérnico se convirtiese en alumno de la universidad de Bolonia, antes de que Leonardo da Vinci pintase su Gioconda y por supuesto mucho antes de que profanásemos el aperitivo llamándolo happy hour. En L’ Ostería no sirven comidas, aunque puedes traerte tus compras del mercado y acompañarlas por los dos únicos brebajes que encontrarás tras la barra: vino y cerveza. La Edad Media también puede ser maravillosa.

 

Bolonia, la Rossa (la Roja)

Y Bolonia es evidentemente la Roja. Lo es por el característico color de sus tejados y, como es habitual en el norte de Italia, por el color político de sus vecinos. No en vano, es uno de los principales baluartes de las medidas progresistas de la izquierda italiana.

La revolucionaria Bolonia honra, por ejemplo, la memoria de Anteo Zamboni, el joven estudiante de 16 años que trató de matar a Mussolini. Una calle de la zona universitaria lleva su nombre. Además, en la puerta del ayuntamiento, un monumento recuerda las víctimas del sangriento atentado fascista en la estación de ferrocarril, el 2 de julio de 1980.

Bolonia canal agua

Bolonia Rossa

Bolonia la roja

Las ciudades medievales pueden marchitarse con los años, pero la afluencia constante de sangre joven a Bolonia ha mantenido viva la ciudad, especialmente de noche. ¿Qué sucede en una ciudad de medio millón de habitantes en la cual la cuarta parte son estudiantes? Es complicado conseguir mesa en una terraza. En cualquier caso, aquí nadie se aburre.

Bolonia está a la vuelta de la esquina, manteniéndose en un discreto segundo plano. Con lo cual, tómate un segundo para asimilar este recordatorio. De igual manera que Daft Punk, no estará así para siempre. Algún día dejará de ser un secreto. Algún día decaerá. Y algún día desearemos poder volver atrás, cuando Bolonia nos recordaba que algunas veces, lo importante es mirar debajo de la máscara.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ¡Me encanta tu artículo!
    Si algún día voy a Italia, sé a qué ciudad iré. ¡Gracias!

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    1. villaverdus dice:

      ¡Gracias Carlos! Lo bueno de Italia es que vayas donde vayas, acertarás 🙂

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  2. Elvira Galindo dice:

    Muy bueno tu relato y me ha traído a la cabeza mi visita a Bologna, la ciudad que yo recuerdo como la de los kilómetros de pórticos y el casco medieval muy bien conservado. También de los mejores helados. Siempre que pienso en momentos felices, vuelvo a la Piazza Maggiore, a una terraza tomándome un Martini bianco seco y un camarero que me trae unas patatas fritas y llamándome “sinyora”. Saludos cariñosos.

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    1. villaverdus dice:

      Siempre digo Elvira que si viajas a Italia y no vuelves con algún kilo de más, es que no has entendido nada 🙂 Que no falte nunca el Martini. Salud!

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