El tiempo en Palermo se divide en tres mitades

En la primera gira de Oasis por Estados Unidos, un agente de aduanas le pregunta a Liam Gallager, vocalista de la banda: »¿Cual es el motivo de su visita?», a lo que este responde: »¿Visita? Yo no estoy de visita, soy una maldita estrella del rock’roll, vengo a robaros el alma». A pesar de que he pasado menos tiempo en Palermo del que me gustaría, es una de mis ciudades favoritas, aunque nunca he sabido explicar por qué. Al igual que Liam, no es lo más afable que uno se puede encontrar viajando por ahí, pero hay un elemento fundamental que hace especial tanto a un grupo musical como a un lugar: su actitud.

Solo en Palermo las amas de casa regatean gritando desde el tercer piso con el pescadero mientras bajan sus cestas con una cuerda. En esta ciudad los niños conducen motos sin casco en las narices de la policía y no pasa absolutamente nada. Solo aquí tiene sentido un eslogan político como »È rabbia. È amore. È Palermo». Se pueden ver esculturas renacentistas, cúpulas árabes, castillos normandos y mosaicos bizantinos en apenas unos metros de distancia. Solo en Palermo te sientes en Europa, África y Asia a la vez. 

Sicilia Palermo
Bienvenidos al Sur

Decía Javier Reverte que hay ciertas cosas que todo viajero debe hacer cuando llega a una ciudad desconocida; ir a sus mercados, por ejemplo; pasear durante los atardeceres; probar la comida local; asistir a un partido de fútbol o a una ceremonia religiosa (da igual el tiempo que estés en Palermo; las bodas serán una constante), y desde luego, ojear sus periódicos. En estos días leo que la ciudad recupera poco a poco la normalidad después de los incendios que arrinconaron Sicilia este verano, obligando a cerrar todos sus aeropuertos.

Sicilia, ya se sabe, es tierra de tragedias. Ni siquiera la naturaleza es clemente aquí. Si toda Italia, por su situación geográfica, sufre a menudo desastres naturales, en Sicilia los habitantes están especialmente acostumbrados a tener que empezar de cero. Para el periodista Roberto Alajmo »Palermo es una cebolla. Está hecha de capas. Cada vez que se quita una, queda otra por pelar». Touché. 

Teatro Palermo
Palermo es un teatro infinito
Pretoria Palermo
Ninfas, tritones y dioses desnudos; La Fontana della Vergogna
Sicilia Italia
Palermo es una ciudad que a veces da la sensación de tener el ritmo de un pueblo

Tengo algunos amigos a los que quiero con locura pero que no presentaría a nadie respetable. Con Palermo me sucede algo parecido. Creo que me gusta por sus ciudadanos, aunque personas simpáticas y hospitalarias las hay en otros lugares más bonitos de Italia, por ejemplo en la cinematográfica isla de Procida. Al mismo tiempo, en Palermo coexisten multitud de culturas, pero sucede lo mismo en casi toda Sicilia.

El tráfico es un disparate, como en la mayor parte de la isla, y buena parte de sus edificios muestran las llagas del tiempo, cicatrizes de la Segunda Guerra Mundial o están simplemente abandonados. Dejó escrito Kurt Vonnegut que “Uno de los defectos del carácter humano es que todo el mundo quiere construir y nadie quiere hacer mantenimiento”. Es posible que lo dijese después de pasar una temporada por aquí.

La Kalsa
(What’s the Story) Morning Glory?

Al llegar al centro de la ciudad, uno tiene la impresión de que por allí acaba de pasar un huracán. Además, como en toda Italia, la cerveza es mala, cara y te la sirven tirando a caliente en la mayor parte de los bares. En muchas calles huele a alcantarilla y, más que sucias, son mugrientas. A los miles de turistas que desembarcan de sus cruceros de lujo en el Borgo Vecchio, les espanta. Y ya se sabe que no hay segundas oportunidades para una primera impresión. Pobres, no saben lo que se pierden.

Porque uno se puede olvidar de todo eso con solo una parada en la terraza de la Antica Focacceria San Francesco, situada en el corazón del barrio árabe de la Kalsa, mientras duda delante del mostrador. Más que en un mostrador, los dulces sicilianos, como las Vespas o los frigoríficos Smeg, deberían estar expuestos en museos. Y probarlos todos, sin remordimientos ni ataduras.

Porque a Palermo hay que venir sin prisas; adentrarse en el enorme patrimonio de tesoros e historia de la capital siciliana es un placer que hay que saborear con calma. (NOTA: con una niña como Valentina a tu lado, escribirlo resulta mucho más sencillo que hacerlo. Tras varias experiancias fallidas con los cannoli, los arancini y el arte urbano, solo falta que no le gusten las películas de Sorrentino para que se consume mi fracaso como padre). 

San Frascesco
Las bodas sicilianas; tan omnipresentes como la pasta alla norma o la cassata
Focacceria Francesco
Lugar de peregrinación por mucho tiempo en Palermo
Centro Palermo
Quattro Canti; por donde se acaba pasando irremediablemente día tras día

La Capella Palatina, ubicada en el Palazzo dei Normanni, es de visita obligada. Además de sus increíbles mosaicos bizanitinos, me llama la atención la ubicación de una de las exposiciones que se anuncian: dentro del metaverso. Justo antes de entrar, había visto a una pareja de mediana edad ojeando algo en el típico mapa turístico de papel. Me hizo pensar en este mundo en el que se mezclan lo real y lo virtual de una manera cada vez más absurda.

Por ahora, no tenemos demasiada intención en ver obras de arte pixeladas, ni en irnos de viaje a una Venecia virtual. Muy bien por aquellos que lo hagan, pero nosotros seguimos prefiriendo cosas terrenales. Nos quedamos con las exposiciones en galerías de arte. Con los mosaicos en las paredes de una capilla. Y con los viejos mapas de papel, aunque sea imposible doblarlos en su orden original. 

San Cataldo
Non ci credo!
Pretoria Plaza
Todo listo para la fiesta de togas
Palermo catedral
Lo que empezó como mezquita acabó en iglesia; la historia se repite en Palermo

Cuando Oasis aterrizó en Estados Unidos por primera vez, muy pocos sabían de su existencia, aunque para su vocalista eran »la mejor banda de este maldito planeta». El tiempo le dio la razón, aunque fuese algo efímero. 

A una ciudad que tiene más de 800 iglesias hay que acercarse así; hay que ser Liam Gallagher en la aduana; hay que ser Indiana Jones cruzando el abismo: se te irán apareciendo las baldosas únicamente si tienes fe en ellas. 

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