Mercados de Palermo

No tengo ni idea de estadística. Sin embargo, sí sé lo suficiente para comprender que es una ciencia imperfecta. Uno puede manipular las estadísticas a su antojo: si quisiera, probablemente, podría hacer que pareciese que la Tierra está inmersa en un preocupante enfriamiento global o que el déficit presupuestario español es una estupenda noticia. Por eso, cualquier debate sobre estadística debería abordarse con precaución. Excepto éste, porque sé que tengo razón: ninguna otra ciudad de Italia ofrece tantas calorías como los mercados de Palermo.

Durante sus miles de años de historia, Palermo ha sido conquistada y habitada por fenicios, cartaginenses, normandos, griegos, romanos, bizantinos, árabes y españoles. Su agitado pasado es una bendición para los presentes; la ha dotado de una enorme y variada riqueza patrimonial que aglutina huellas de medio mundo en su arquitectura, cocina y costumbres.

Palermo tiene tantas iglesias (en el mapa que nos dieron en el hotel conté más de 30) que creerás estar en Roma; el deterioro de sus palazzos recuerda a La Habana Vieja; al pasear por sus mercados, sientes la proximidad de África. Podríamos decir que Palermo se ve deteriorada pero es atractiva, es tradicional pero también cosmopolita, está cerca pero es exótica. Pero, por encima de todo, Palermo es una delicia.

Ópera italiana

Catedral de Palermo

Fútbol Palermo

Una gran parte del tiempo de cualquiera que viene a Sicilia se dedicará al estómago, y a tratar de aprender las muchas reglas no escritas (y escritas) de comer al estilo siciliano: comprender el orden, combinar gustos y métodos de preparación, elegir el postre correcto, tomar el café adecuado según el momento. La actitud siciliana hacia la comida es muy parecida a su carácter: mucha tradición con un toque justo de modernidad.

Cada rincón, pueblo o ciudad transalpina tiene un mercado de alimentos (muy ruidoso) que hace estallar los sentidos. En Palermo, todo lo que necesitas es caminar por el Mercado Ballaró. Para mí, uno de los mayores placeres de estar en Italia consiste en ir recorriendo los diferentes puestos de los mercados saludando a todo el mundo con el ceño fruncido, como Brad Pitt en ‘Malditos Bastardos’. Pero además, el mercado es uno de los lugares donde nos gusta estar para entender las costumbres locales. Aquí, la influencia árabe perdura en su cultura gastronómica, en la cual abundan el azúcar, las especias y la fruta.

Ballaro Palermo

Pulpo mercados Palermo

Cada día, los callejones se llenan de compradores que buscan los ingredientes para una buena cena. Nos unimos a la muchedumbre, pero se nos ve turistas a la legua, y eso en Italia, se paga. Además, carecemos de experiencia suficiente para distinguir un buen producto de otro mediocre. Así que debemos resignarnos y asumir que nos han vapuleado.

Recuerdo que de pequeño, cuando iba con mi tío a la plaza de Abastos de Pontevedra, él tenía una mirada mucho más profesional. Caminaba por el edificio en todas las direcciones, con los ojos de un arqueólogo que escudriña alguna excavación en el desierto buscando huesos de una civilización antigua. Cuando veía lo que quería, su decisión era inmediata. La gente con bigote siempre sabe lo que quiere. Proyectan una impresión de sensatez; de alguien que sabe resolver problemas, pilotar un hidroavión o elegir el pescado adecuado para una cena.

Como decía, una de las mejores maneras de probar la cocina siciliana es en los mercados de Palermo. En ellos, uno constata lo que ya sabe: es muy difícil sentir más pasión por la cocina que los italianos; cuando no están comiendo, están hablando de comida. Dónde se crían los mejores limones; que pueblo cultiva las mejores lentejas; dónde encontrar los tomates mas dulces o dónde se vende el salmón mas fresco. Así, todo el día. Por eso, en nuestro segundo día, la idea de sentarnos en un restaurante desapareció por completo al entrar en otro de los mercados de Palermo, la Vucciria, dónde nos entraron ganas de probarlo todo, como en aquel mercado nocturno de Bangkok.

Capo Palermo

mercado Ballaro

Comienzan la mañana con un pane e pannelle, las famosas frituras de garbanzos de Palermo. Un poco más tarde, se pasan a la sfincione (pizza esponjosa cubierta con cebolla y queso caciocavallo) o scaccie (discos de masa de pan con un relleno y enrollado en una filloa). Cuando hacemos el amago de buscar una servilleta, uno de los vendedores advierte: ”Los palermitanos de verdad siempre tienen las manos aceitosas”.

Recogemos el guante y seguimos comiendo. Las mangia e bevi (cebolletas enrolladas en panceta) son el aperitivo perfecto, antes de pasar a uno de los platos estrella, sarde a becaffico (sardinas rellenas). Eso sí, en verano, como en el resto del mundo, los helados mandan. Hay tanta variedad que merecerían una entrada aparte.

Palermo Sicilia

En los mercados de Palermo todo es exagerado. Los vendedores no dejan de gritar reclamando la atención de quién pasa, y es en el mercado del Capo dónde más notamos la l’abbaniata, dialecto que atrae a los clientes a comprar los productos de un modo distendido, del tipo: ¡U pitittu ci fazzu grapiri! (¡te abriré el apetito!). Así que cada mañana, probábamos de qué pasta estaban hechos nuestros tímpanos (algo que, por otra parte, agradecía nuestro estómago). Además, después de un par de días en la ciudad, teníamos mucha confianza en que las motos dejaran de intentar atropellarnos cada vez que ponemos en un pie en la calle.

(La última frase, por si no os habíais dado cuenta, está repleta de ironía. En todo caso, al menos teníamos motivos para el optimismo. Supuestamente habíamos sobrevivido al tráfico de mediodía, algo que en Sicilia es un motivo más que suficiente para verlo todo de color rosa).

Recordad: en el mundo de las estadísticas nadie tiene toda la razón sobre nada. Pero al menos, en los mercados de Palermo, agradecerás ser parte de la ecuación. Para mí, con eso es suficiente.

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