En la célebre novela ‘Por el camino de Swann’ de Marcel Proust, el personaje principal, tras llevarse a la boca un té en el que había echado un trozo de magdalena, rememora un episodio de su infancia que tenía completamente olvidado, de cuando pasaba las vacaciones con su familia en Combray. Un simple aroma o un sabor es capaz de desencadenar una catarata de sensaciones; el efecto se denomina la magdalena de Proust. Y eso es lo que me pasó en Portocolom (Mallorca) hace muy poco tiempo.
Mallorca es un lugar tan estimulante que en verano duplica su población residente. Ahí es nada. Los alemanes, especie predominamente en la isla, comenzaron a llegar en 1986, tras la integración española en la Unión Europea. En aquella época Mallorca se percibía como la MTV o las chaquetas con hombreras, era algo cool.
Avancemos hasta el presente. Estamos en Abril del 2023. El ladrillo indica que hay muy pocos sitios en la costa de Mallorca que no estén masificados. Las opciones se orientan en muchos casos al todo incluido. Los británicos confirman la eficiencia de esta estrategia, aunque algunos nos empeñemos en ponerla en entredicho. Pero de lo que estoy convencido es de que lo que antes era cool ahora es algo saturado, esteriotipado y rutinario. Por suerte, siempre hay excepciones.



Portocolom, más que sucumbir, se ha adaptado a la enorme popularidad de Mallorca. Pequeños barcos de pesca se balancean en el puerto. Las casas de colores pastel, la playa, el faro y los restaurantes junto al mar conforman la perfecta postal mediterránea. Nos alojamos en una casa rural a cinco minutos en coche del centro y, nada más llegar, supimos que habíamos acertado.
Para empezar, tenía un jardín tan grande que podría albergar la próxima edición de la Superbowl. En la terraza, un desayuno corriente parecía una mañana en el Hotel Strand de Rangún (los que pasamos el confinamiento sin una todavía lo llevamos enquistado). Por dentro era una de esas casas de pueblo de toda la vida, muy lejos de la reforma rápida IKEA tan habitual y aburrida cuando alquilas algo hoy en día.
Nada más entrar, me di cuenta de ese olor. Estaba en Portocolom, pero mi mente se fue de viaje a Baiona, el pueblo vigués en el que pasé algunos veranos de pequeño. En uno de ellos, mis padres alquilaron una casa con un pasillo tan largo que al otro lado, en vez de llegar al salón esperabas llegar al desierto de Atacama. Un día, mientras salía de la ducha, aprovecharon para esconderse junto con mi hermano, haciéndome creer durante un buen rato que estaba solo (mis padres siempre tuvieron un sentido del humor muy crudo). Al contrario que Kevin McCallister, en vez de dar saltos de alegría en la cama, me puse a llorar. Al entrar en nuestra casa en Portocolom, reviví ese verano de 1993.



Aquellos veranos dejan tatuada en la mente una época muy concreta de tu vida. Da igual el tiempo que haya pasado, la sigues recordando y sigues conservando detalles de tus momentos favoritos en los recovecos de tu memoria. Aún no se inventó una máquina del tiempo más precisa que una canción, una prenda de ropa o un olor muy concreto. Podemos recuperar la niñez, el pasado, pero no cuando nosotros queramos, sino cuando lo desee el recuerdo. Después, se guarda en ese compartimento estanco del cerebro hasta la próxima vez.
Creo que todos tenemos nuestra propia casa en Portocolom, ese lugar que, por lo que sea, te transporta a una época determinada, en la que tenías la sensación de que el lugar donde estabas era siempre el idóneo. A mi mente vinieron de golpe y con todo detalle las vistas del Atlántico desde lo alto de la fortaleza medieval de Baiona; las películas VHS de Lucky Luck que alquilaba con mi padre en el videoclub, siempre de dos en dos; los churros que compraba mi madre para el desayuno; los partidos de fútbol con mi hermano en la playa de la Ribeira y los helados de tres bolas en la cafetería Monterrey.
Portocolom me transportó a aquella época en la que los veranos no duraban tres meses, sino que no se terminaban nunca.
Mmm… me acabas de recordar nuestros maravillosos veranos en Portocolom desque nuestra hija tenía meses… Los baños en una pequeña cala a la que iba los del pueblo, las vistas al faro desde la terraza… Las casas rurales que encontramos estaban siempre un poco alejadas del pueblo…¡me encantaría conocer esa «casa rural a cinco minutos en coche del centro» de la que hablas! Para la próxima vez… Gràcies!
Me gustaMe gusta
Como me pasa con la mayoría de las cosas, descubrí Mallorca demasiado tarde 😅 Portocolom es una maravilla! Cualquier recomendación que tengas de la isla es bienvenida 🙂 Te paso info: Sa Caseta (Diseminado Sexta Volta, 395, 07669 Felanitx). Un saludo!
Me gustaLe gusta a 1 persona
¡Gracias! A ver si el año que viene volvemos:)
Me gustaMe gusta