Bazaruto, la playa del fin del mundo

”¡No, no! Las aventuras primero, las explicaciones ocupan demasiado tiempo” – El Grifo, en ‘Alicia en el País de las Maravillas’ –

Estamos en Vilanculos, una ciudad irresistiblemente africana rodeada de playas extraordinarias,  que sirve además de puerta de entrada al archipiélago de Bazaruto, sin duda uno de los lugares más espectaculares del planeta. Por razones evidentes, se ha convertido en cita obligada para todo aquel que viaje a Mozambique. He estado esperando con impaciencia este momento durante algunos días; estoy aquí con Ángela, hemos hecho amigos con los que compartir vivencias y abundan la cerveza, la música afrobeat y el pescado a la brasa. Es, en otras palabras, casi como estar en el paraíso.

Tan solo hubo un pequeño inconveniente en esta historia: el trayecto hasta aquí en autobús. Aunque, ahora que lo podemos contar, la comedia pesa con creces sobre el drama. En cualquier caso, hacer más de 1.400 km por los caminos de Mozambique es algo emocionante. Tanto, que este primer día en Vilanculos lo hemos dedicado a recuperar horas de sueño. Me sorprende la cantidad de fatiga que nuestro cuerpo es capaz de acumular con esta clase de tensiones. Desde una perspectiva estrictamente física es muy poco exigente, pero desde una perspectiva mental, es como subir el Annapurna.

Mejor playa de Vilanculos
Nos encontramos playas llenas de arena y no de gente; en Vilanculos, otro verano es posible 

Barcas en el archipiélago Bazaruto

Camino de Bazaruto

Día 1. Lugar: Isla de Mozambique

El teléfono suena a las 3:30 de la mañana. ¿Primer pensamiento? ”Mierda, he vuelto a olvidarme de apagar el móvil”. Segundo pensamiento: ”No, espera, es la alarma, en quince minutos tenemos que subir a una chapa”.

Después de una semana en Isla de Mozambique, sentíamos que era el momento de comenzar la siguiente etapa del viaje. Unos días más y alguien podría haber empezado a sospechar que disfrutábamos de cierta estabilidad. A nuestra llegada a Nampula, comprobamos de primera mano que la ciudad inspira la misma confianza que esa gente que madruga para hacer deporte: NINGUNA. A no ser que seas un delincuente o pretendas atrapar a uno, no es buena idea dejarse ver por aquí.

Por suerte, nada más entrar en el hostel vimos caras conocidas. Dos de los huéspedes eran Sebastián y Mireia, a quienes habíamos conocido días antes en la isla, y son esa clase de personas que te gusta encontrarte a miles de kilómetros de tu casa. Además, volaban a Lisboa al día siguiente, así que insistieron en dejarnos su tienda de campaña. Ya teníamos una casa para nuestras últimas dos semanas.

Stone town Mozambique
Stone Town, vestigios de otra época en esa genialidad llamada Isla de Mozambique
Paraíso Mozambique
Al igual que un Delorean, el dhow tiene la habilidad de transportarte de inmediato al pasado
Isla de Bazaruto
Caminar por la cima de las dunas de Bazaruto a 35° es como desayunar en la cama: está muy bien para las fotos

Día 2. Lugar: Nampula

No eran ni las 3:00 de la madrugada cuando sonó el despertador. Nos esperaba un viaje apasionante: cruzar el grueso de Mozambique de norte a sur. Como no podía ser de otra manera en África, el trayecto de 48 horas en autobús hasta llegar a Vilanculos está teñido de anécdotas. (A decir verdad fueron 32 horas, pero así demuestro hasta qué punto le cogí cariño a la empresa de transporte Nagi Investimentos).

Nuestros compañeros de fatigas son gente de lo más curiosa. Durante el día, bajo un calor opresivo, se aseguran de que todas las ventanillas estén herméticamente cerradas. Al atardecer, cuando las temperaturas descienden, las abren para que tanto el polvo como los mosquitos nos pongan en alerta. Aunque, si eres capaz de ignorar la mirada perdida que ponen cuando van acomodados en su asiento -de la que soy consciente ahora, después de horas y horas observando todo tipo de comportamientos absurdos- entonces se convierten en una agradable compañía. Además, tuvimos la fortuna de poder vivir la experiencia de ver conducir a toda prisa a un señor con el pantalón seis tallas más grande y un gorro de lana tres veces más pequeño. Todos deberíamos tener oportunidades como ésta.

Archipiélago de Bazaruto

Bazaruto, el paraíso de Mozambique
Lo único que necesitas para disfrutar de Bazaruto es no tener nada que hacer (y tienes esta playa)

Aunque, a decir verdad, la parte más indeseable de toda esta historia tiene como protagonista a la policía de Mozambique, que nunca te lo pone fácil. Cada pocos kilómetros detienen el autobús, exigen ver nuestros pasaportes y a menudo tratan de intimidarnos para conseguir un dinero extra. En una ocasión, dos tipos con cara de no dormir a pierna suelta desde el estallido de la Revolución Francesa, nos hicieron bajar del vehículo. Era de noche, iban armados y daban la impresión de no tener mucha prisa en dejarnos continuar. Se nos ocurrió que tal vez fingir tranquilidad y hablarles en su idioma serviría de algo. Funcionó. Uno de ellos se ablandó un poco y se dirigió a su compañero: ”Saben falar portugués, deixa que marchen”. Lamentablemente para nuestra tensión arterial, escapar no iba a ser tan fácil.

Unos minutos más tarde, nos detuvimos ante un nuevo control militar. Al parecer, no se podía circular por aquella ”carretera” pasadas las 21:00 horas, así que nos vimos obligados a dormir en un aparcamiento un tanto lúgubre cercano a un motel todavía más siniestro. Decidimos ni bajar a echar un ojo a las habitaciones y optamos por dormir en el mismo autobús, o, al menos, a intentarlo.

Día 3. Lugar: desconocido

El motorista (así llaman aquí al conductor) despertó a todo el pasaje a las 4:30 tocando el claxon compulsivamente. ¡¿Pero qué #¬%@?! Sentí como si alguien me acabase de dar una patada en los genitales. Nos dijo que teníamos unos minutos para desayunar antes de ponernos nuevamente en marcha. Salí a comprar unos pasteles mientras me preguntaba por qué el mundo conspira sin descanso contra mis horas de sueño.

El primer obstáculo a nuestro plan de ruta tenía forma de rueda delantera reventada. El segundo, de rueda trasera reventada. Finalmente, la caja de cambios dijo basta. Un empleado nos pidió que saliésemos con orden del autobús mientras buscaba una solución. Dada la mala noche que habíamos pasado, estábamos realmente hechos polvo, pero antes de caer en la desesperación completa necesitábamos saber cuales eran nuestras opciones.

Paisaje increíble en Mozambique
Bosque, desierto y agua; en Bazaruto lo tienes todo tentadoramente cerca
La huella de Bazaruto
Aunque, de un modo u otro, como un domingo cualquiera, todos los caminos llevan al agua

Durante el tiempo que estuvimos allí, me di cuenta de que la población autóctona parecía más nerviosa de lo habitual. Lo digo porque normalmente mi capacidad para percibir el estado de ánimo de quienes me rodean es similar a la de una estantería de IKEA, así que estaba sorprendido por haber sido capaz de darme cuenta. Por un momento tuvimos la esperanza de que una grúa vendría a remolcar el autobús averiado y la empresa enviaría otro a recogernos, pero la ilusión no duró más de seis nanosegundos. Nos limitamos a esperar la llegada de un mecánico con una caja de cambios nueva.

Aquellos tipos no tenían ni idea del efecto que su aparición tendría en nosotros. Estábamos tratando de largarnos de allí a dedo lo antes posible cuando su mágico todoterreno negro hizo aparición (digo mágico porque la aparición de un todoterreno con cuatro mecánicos a bordo siempre causa mucho entusiasmo en el reino de las carreteras en ninguna parte). Tras cinco horas de espera, casi todos volvimos a subir. Casi todos porque algunas personas resistieron la tentación de formar parte de aquella trampa con ruedas y esperaron otra alternativa. La parte positiva de todo aquello es que ahora tenemos un punto de comparación inolvidable para nuestros peores momentos. Incluso después de un día horroroso podremos pensar que, al menos, no será tanta aventura como aquella.

Una vez que llegamos a Vilanculos, y tras tomarnos la cerveza más merecida de la historia del mundo moderno, montamos la tienda y nos dejamos morir.

Playa desierta en Mozambique

Relax en archipiélago Bazaruto
Por norma, cuanto más difícil es llegar, más bonita es la playa; Bazaruto no es la excepción

Día 4. Lugar: Vilanculos

Visto lo visto hasta hoy, quizá lo más adecuado para Mozambique sería el de una muestra de honradez muy poco frecuente por parte de sus gobernantes cuando los ciudadanos llamen a su puerta con grandes problemas y enormes deseos de infraestructuras adecuadas al siglo en el que vivimos.

En cuanto a nosotros, y volviendo al comienzo del relato, tenemos esperanzas en que todo sea más sencillo de ahora en adelante, porque a diferencia del optimismo momentáneo que puedan tener los habitantes de un país africano de perfil corrupto, cuando se trata de un viaje, siempre hay una próxima vez.

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Espectacular, q ganas de viajar, cada vez q veo estas historias más ganas tenemos de viajar… Por suerte vivo en un lugar maravilloso, siempre busco playas para vivir y sentir… Sigan viajando👍

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    1. villaverdus dice:

      Hola! A estas alturas de la película, es muy difícil que una playa nos sorprenda, pero Bazaruto nos pareció una fantasía, y además, nada masificada. Aunque tengas que salir de tu maravilloso refugio, sin duda te lo recomendamos 🙂 Gracias por pasarte!

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      1. Todas las playas que conozco me dejan alusinada, amo las playas me considero ya adicta a viajar para conocer playas 😂

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      2. villaverdus dice:

        Los selfies, la bollería industrial o las compras a plazos: tranquila, hay adicciones peores 🙂

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      3. 😜🌞😂👌🍫Verdad verdadera

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