Matar la expectativa

Cuando quiero escribir sobre algún viaje y no sé cómo empezar un párrafo, bajo a por cerveza al paquistaní de la esquina y vuelvo con las energías renovadas. Lo hago tan a menudo que probablemente le haya pagado ya la universidad de sus hijos. Casi nunca funciona, pero al menos contribuyo con el pequeño comercio y tengo la esperanza de que algún día Estrella Galicia haga una botella con mi cara.

Cada vez bebo más cerveza porque cada vez pienso con mayor frecuencia que lo más interesante que tenía que decir ya lo he dicho, y lo que no, ya lo habrán dicho otros y seguramente, mejor. Pero cuando busco un destino al que viajar y escucho o leo algo tipo paisajes de ensueño, monumentos cautivadores, playas idílicas, caos apasionante… Cada vez que lo hago, desconfío, porque tantas veces lo encuentras como tantas no.

Matar las expectativas

Cualquier país cuenta con una ventaja antes de viajar a él por primera vez: la novedad. Esto es innegable. Sucede con todo. Te pasa si te vas a vivir a otra ciudad y haces nuevas amistades. También si cambias de trabajo, de jefes, de compañeros. Te pasará si cambias de peluquería. De entrada parecen más interesantes, más divertidos, más amables. Después ya no tanto. Después aparecen los defectos.

Y tal vez, lo peor de viajar, como de todo lo demás, sea preocuparse por cosas que en realidad no dependen de uno mismo. Ocurre que las grandes expectativas añaden al viaje una capa inútil de sufrimiento. Viajar de ese modo es como convencer a alguien para ir a un concierto, y luego no disfrutarlo por perder el tiempo pendiente de si le gusta, o de si se duerme, y todo por tu culpa. Por eso, cada vez que vienen a mi mente países como Malawi o lugares como las 4.000 islas, tengo muy presente que lo más sensato en la vida es tener las peores expectativas posibles. Lo contrario es el caldo de cultivo perfecto para el desencanto, la decepción y las sorpresas desagradables.

DSC_0176
Soy feliz con poco: resfriados de cantantes reguetoneros; reposiciones de El príncipe de Bel Air; atardeceres en Laos
Baobab Malawi Lodge
El baobab es el Rey absoluto del bush africano y nuestro árbol favoritísimo del planeta

Cuando era niño, ver las pirámides de Egipto era un sueño imposible. En el 2008, hace dos vidas y media, finalmente lo logré y, bueno, me di cuenta de que los egipcios de ahora no tienen nada que ver con los egipcios que construyeron su civilización.

Un hecho que muchos ignoran silenciosamente es esto: cruzar fronteras o estar en un lugar lejano no implica una magnificencia exótica. A día de hoy solo tenemos la verdad, y la verdad no tiene magia. Si viajas a algún lugar y no utilizas filtros al fotografiar lo que ves, el ministerio de asuntos exteriores te abre un expediente. La realidad es a menudo una cosa anodina y gris. En Katmandú, vimos con nuestros propios ojos a la Kumari de Nepal, la diosa viviente que veneran hindúes y budistas en el país del Himalaya desde hace 500 años. Pero, ¿sabéis qué? Era una niña de tres años. La Diosa era eso, una niña que todavía no sabe sonarse los mocos.

Abu Simbel Egipto
Llamarle a tu hijo RAMSÉS; Qué carácter, qué presencia, qué saber estar
Expectativas Katmandú
A los gallegos se nos ve exóticos a la legua; en Salamanca o en Katmandú, da igual
Templo Katmandú
¿Por quién doblan las campanas? Por las expectativas, tal vez

Ángela siempre dice que lo mejor es la previa, el momento anterior al viaje. Cuando sales de trabajar y piensas ‘mañana no tengo que venir’. No estoy seguro de que sea lo mejor, pero sin duda lo prefiero a quienes viven fabricando envoltorios brillantes que enmascaran situaciones vulgares. No me fío de esa gente. Estoy en contra de los tópicos. Estoy en contra de las tazas con mensajes positivos. Estoy en contra de la silicona. Estoy en contra de la tónica premium. Estoy en contra de los impostores.

Para muchos, asumir que el resultado está por debajo de lo esperado es como una pastilla de difícil digestión. La naturaleza humana nos obliga a convertir anécdotas en historias, a buscar causas y efectos y a sacar algunas conclusiones. Pero creo que, de vez en cuando, tampoco estaría tan mal que resistiésemos la tentación de hacerlo.

Al menos así, no tendrás que lamentarte cuando bajes al pakistaní a por cerveza y descubras que está cerrado.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. DosViajando dice:

    Muy bueno 👏👏 tenemos el mismo problema con la cerveza 🤣 y siempre tiene que ser Estrella Galicia 🤣 una ligera pancilla empieza a aparecer 🤷🏻‍♂️ Las expectativas… las tienes aunque no te las cuenten otros o veas fotos impresionantes en Instagram ¿no? Desde el momento en que decides hacer algo, ya sea un viaje, un cambio en la vida, un nuevo trabajo… creas unas expectativas. Aunque muchas veces no se cumplan y te lleven a la decepción muchas otras se superan y la alegría o lo que sientes es máximo 🤷🏻‍♂️ pero siempre están ahí. Es la ilusión sobre lo que está por venir. ¿Se puede no tenerla? Oye el baobab, no se si es uno de nuestros preferidos… pero de los que más seguro que si 😍

    Le gusta a 1 persona

    1. villaverdus dice:

      A la Estrella Galicia hay que agarrarse siempre, y muy fuerte si puede ser 😁 Y sí, las expectativas y las ilusiones son un poco tramposas, de tanto en tanto se apoderan de ti y no puedes hacer nada por evitarlo. Pero ahí es a dónde voy: cuanto menos esperes, mejor. Interiorizado esto, todo me parece bien, incluso los domingos por la tarde, cuando el lunes acecha 🙃

      Me gusta

  2. Horacio Gil dice:

    En la Rioja también somos aficionados a la Estrella Galicia.
    A mí me gusta antes de marcharme pensar en el destino y las aventuras que me pasarán. Siempre me suceden cosas. Es cierto que muchas veces las cosas no son como te las imaginas, pero creo que siempre merece la pena. Luego sobrevives de los recuerdos hasta que comienzas un nuevo ciclo. En algún sitio leí que se viaja tres veces: antes, durante y después y no puedo estar más de acuerdo. Me ha encantado tu post. Yo también voto por los resfriados de los cantantes de regeton.
    Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. villaverdus dice:

      Hombre Horacio, lo raro sería que en La Rioja fueseis aficionados a las bebidas isotónicas 😝 Estoy de acuerdo contigo, ver mundo siempre merece la pena, aunque en nuestra cabeza todo sea más exótico e idílico de lo que a veces resulta ser al final. A los reguetoneros ni Estrella Galicia ni nada, tolerancia cero. Un abrazo!

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .