Segundas partes: tan iguales, tan distintas

Es oficial: estamos de vuelta en Vietnam. Nuestras pulsaciones marcaban mínimos históricos después de pasar una semana en las 4.000 islas de Laos, pero ha sido poner un pie aquí y aflorar nuevamente las emociones fuertes. Y es que nada más cruzar la frontera, nos hemos reencontrado con el sudeste asiático más frenético. El de la vida en las aceras, el de los mercados estimulantes y el de las lluvias incontenibles. También el de las siete personas subidas en una scooter.

Existe siempre cierto recelo al regresar a un lugar del cual uno solo tiene buenos recuerdos, más que nada, por miedo a que éstos queden empañados por algún golpe de realidad. Ya se sabe, todos hacemos poesía con la memoria. Afortunadamente, Vietnam sigue tal y como lo recordábamos, y nos lo deja claro nada más llegar. Para aquel que no esté familiarizado con una carretera vietnamita, imaginad el circuito del Super Mario Kart pero con una tasa de mortalidad ligeramente más elevada. Aquí los vehículos no circulan, sino que son partícipes todos ellos de una gran carrera que se extiende a lo largo y ancho del territorio. El que va delante es tu oponente. Tras él, está el siguiente. Y el siguiente. Así sin respiro hasta que, sin saber cómo, llegas a tu destino.

ciudad imperial hue

barco por el río perfume en hue

Me encuentro ahora mismo en un bar de Hue, uno de esos antros que suelo frecuentar cuando quiero escribir, con pocos turistas y whisky barato. Me las estoy dando de interesante, como veis. Hace unos años, Vietnam fue el destino elegido para nuestro primer viaje por Asia. Por aquel entonces, nunca habíamos estado tan lejos de casa, y este país resultó ser aún mejor de lo que imaginábamos. Hue formó parte de nuestro recorrido, y aunque también en aquella ocasión fuimos habituales en algún que otro tugurio, no es relevante ahora mismo porque lo que quiero señalar con este recuerdo es el sentido de continuidad.

Cuando nos decidimos a emprender aquel viaje, nuestros conocimientos sobre los vietnamitas venían a ser los mismos que los de el español medio: eran los malos de las películas de acción de los 80 y vestían cónicos sombreros de bambú para evitar que los extraterrestres pudiesen leer sus mentes. Tras aquellas dos semanas, conocíamos sus principales ciudades y a un buen puñado de personas maravillosas. Sé que esto no nos hace especiales, la mayoría de nosotros somos capaces de planificar un itinerario turístico y conocemos a gente encantadora allá donde vamos, pero me hace pensar en dicha continuidad. Apenas han pasado cuatro años desde entonces y jamás imaginé que acabaríamos de nuevo aquí, en Hue, envueltos en situaciones que se nos antojan familiares, sintiéndonos extrañamente cómodos, como si, de algún modo, estuviésemos en casa.

antigua ciudad imperial de Hue

mercado callejero vietnam

peluquería vietnamita

En Barcelona tenemos prácticamente ocho meses anuales de buen clima, lo que dificulta bastante la percepción para ser conscientes del paso del tiempo. Pero supongo que, aunque pretenda achacarlo a nuestra ubicación geográfica, esa dificultad se agudiza significativamente cuando creces. Resultaba mucho más sencillo cuando éramos estudiantes. Los trimestres, los veranos largos y las reválidas, no había forma de perderse. Ahora, sentimos que todo pasa distinto. De modo que para orientarnos buscamos hitos, acontecimientos que den textura a nuestras vidas, ya sean cumpleaños, aniversarios, el estreno de la nueva temporada de Juego de Tronos, el Primavera Sound o lo que nos atañe en este momento, un viaje.

ciudad vieja de hue

mercadillo en hue

Puede parecer un poco absurdo medir tu vida por esta clase de episodios, como por ejemplo, los viajes que has hecho. Pero hemos de reconocer que hay cierto encanto en ser conscientes de que, ahora mismo, Vietnam ocupa nuestro tiempo y que el año que viene, probablemente, otro país lo hará.

Realmente da un poco igual donde vayamos, lo verdaderamente importante es que cada año tenemos el privilegio de disfrutar con algo así, y de que somos capaces de recordar en qué punto estábamos y qué hacíamos con nuestra vida cuando, hace cuatro años, llegamos a Vietnam por primera vez. Eso nos hace conscientes de que los años pasan, al mismo tiempo, lenta y rápidamente. Conscientes de que, a pesar de ese devenir, seguimos aquí para disfrutar de otro viaje, de otra aventura.

Una aventura igual que la anterior pero, al mismo tiempo, completamente diferente.

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