Barcelona diez años después

Ruego de antemano que me disculpéis: hoy tengo la chispa mental de una oruga y el sentido del humor de un dragón de Komodo. Cosas de un ataque de nostalgia. Y es que este, no es un Enero cualquiera. Cumplimos diez años viviendo en Barcelona y puede que nos preguntemos, como se decía a sí mismo Jep Gambardella en La Gran Belleza, si es cierto eso de que ”La nostalgia es la única distracción posible para quien no cree en el futuro”.

Echando la vista atrás, la conclusión más evidente es que no somos personas demasiado sedentarias: hemos cambiado de domicilio cuatro veces. Odiamos las mudanzas. Por eso hacemos alguna cada dos años y medio: todos tus problemas parecen una tontería al lado de una mudanza. Nuestro consuelo reside en saber que podemos montarnos algo parecido a un hogar en cualquier lado. Aunque es verdad que nos gustan los cambios, porque creemos (con el mismo rigor argumental que la gente cree en Dios, es decir, ninguno) que pueden suponer mejoras. También pueden suponer todo lo contrario. Pero no se sabe hasta que se prueba. Por eso estamos aquí.

diez años en Barcelona

Barcelona, como el resto del mundo, podría dividirse en dos clases de personas: las que prefieren viajar al futuro y las que prefieren viajar al pasado. Nosotros pertenecemos al primer grupo, es decir, nos guiamos por las leyes de la ingenuidad: tendemos a pensar que lo mejor siempre está por llegar. Esto no impide que algunas veces nos apetezca ir hacia atrás. Aunque no hablo de viajar a ese pasado bucólico que muchos hubiesen querido vivir: la Florencia del siglo XV, el París de los felices años veinte o la azotea del edificio Apple Corps mientras actuaban los Beatles. Ante todo, nuestro pasado ideal tiene que disponer de algunas cosas esenciales: electricidad, cisternas y aerolíneas de bajo coste.

Nuestro viaje en el tiempo es un recorrido a pie por la Barcelona medieval que solíamos hacer diez años atrás, cuando llegamos aquí. Nuestro paseo comenzaba en el Arco de Triunfo. Hasta que vinimos, ni nosotros ni todo el desfile de personalidades que vino a visitarnos aquel año teníamos idea de que en Barcelona hubiese uno. Había vida más allá de Gaudí, Messi y los caracoles, pero por entonces no lo sabíamos. Bajando por el paseo Lluís Companys, lado montaña, esquina Llobregat, se llega a la desaliñada calle de Portal Nou. (¿No has entendido nada? Tranquilo, después de diez años, nosotros estamos igual. Los barceloneses de cuna tienen un sentido muy particular de la orientación).

Ahí, en el número 45, estaba nuestra primera casa, un dúplex diáfano, pequeño y húmedo, con una cocina enana y unas escaleras de caracol al fondo del salón que conducían al dormitorio. Había que tener piernas y un gran espíritu aventurero para poder subir por allí. Con el tiempo (al irnos, concretamente) le cogimos cariño. Dejamos atrás Portal Nou y nos encontramos con la plaza de Sant Agustí Vell, un agradable rincón relativamente desconocido para la gente de fuera del barrio. O al menos, lo era. Un restaurante japonés de cuatro mesas, una barbería retro y una pastelería que vendía magdalenas glaseadas llamadas cupcakes, fueron suficientes para que el monstruo de la gentrificación comenzase a asomar.

arco de triunfo barcelona

Born Barcelona

Catedral del Mar Barcelona

La bifurcación de la plaza conduce, a su izquierda, a una de las calles con nombre más gracioso de toda la ciudad: Tantarantana. La hipótesis más fiable acerca de su origen, cuenta que aquí vivía el pregonero de la ciudad, que anunciaba con un redoble de tambor o un toque de trompeta las noticias oficiales. Esto hizo que el resto de ciudadanos conocieran a este personaje por el mote de ‘Tantarantán’, el mismo que la secuencia de sonidos que hacía con sus avisos. Desde esta calle podemos acceder al convento de Sant Agustí, una parada obligatoria ya que, a su bonito patio interior, añade una cualidad admirable: tiene un bar.

Por el lado derecho de la plaza, a poca distancia, nos daremos de bruces con la calle Allada Vermell. Es amplia, peatonal y arbolada. Además, está llena de terrazas, lo que prácticamente la convierte en una plaza. Allada Vermell desemboca en la animada calle Princesa. Subimos por ella hasta Montcada, siempre abarrotada de turistas que hacen cola para entrar en el Museo Picasso. Una opción igual de interesante, y mucho menos popular, es el Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM), escondido en una callejuela adyacente. Atravesando Montcada llegamos finalmente al Paseo del Born, epicentro del barrio. Antiguamente tenían lugar aquí los torneos medievales y las justas entre caballeros. En uno de sus extremos, está la joya del gótico catalán: la Catedral del Mar. 

Hace ya unos meses que regresamos a Barcelona después de nuestra vuelta al mundo, pero no nos hemos sentido completamente en casa hasta después de completar esta pequeña excursión, quién sabe si por pura sensiblería o por hacer bueno el famoso dicho Roda el món i torna al Born (recorre el mundo pero vuelve al Born), que alude a la importancia del hogar y las raíces.

bodega born

barcelona atardecer modernista

Mucha gente nos pregunta hasta cuándo pensamos seguir por aquí (tanta curiosidad levanta nuestras sospechas, no creáis). No sabemos qué contestar, porque depende de tantos factores que no podemos responder.

Lo que tenemos claro es que, para cuando el futuro nos sorprenda desprevenidos, nos gustaría tener la misma sonrisa, ostentosa y convincente, de Jep Gambardella, orgullosos de que en nuestra casa, como en la suya, se haga la mejor conga de toda la ciudad: es la única que no lleva a ninguna parte.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. También viví, y muy intensamente, la ciudad de Barcelona. Y también, en uno de los viajes posteriores quise dejar mis impresiones. Espero que te sirvan de algo, al menos como contraste:

    https://viajarporlosmundos.wordpress.com/2018/01/20/barcelona-una-ciudad-para-siempre/

    Salud.

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    1. villaverdus dice:

      Gracias por tu aporte, Julio! Volver a los lugares que te gustaban o donde has vivido un tiempo es complicado, porque habrán cambiado y pueden decepcionarte. Suerte que no ha sido el caso! 🙂

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  2. Está en mi lista de pendientes. Me ha gustado que en la reseña entre lo personal con lo común.
    Saludos.

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    1. villaverdus dice:

      Hola Bea, gracias por tu comentario 🙂 Tienes la primavera a la vuelta de la esquina, la mejor época para visitar Barcelona 😉 Saludos

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