Viajes organizados

En lo que respecta a hacer la lista de la compra, podemos hablar de dos tipos de personas bien diferenciadas. Están las que piensan con antelación y compran de una sentada lo necesario para todas las comidas de la semana, que han planeado teniendo en cuenta tantas variantes como marcas de ginebra existen. Y luego están las que esperan hasta el último momento y descubren que la pizza de la cena habría estado mucho mejor si hubieran comprado la masa esa mañana y le hubieran añadido mozzarella y tomate por la tarde, en lugar de la verdad, que es que todavía está todo por comprar.

Cuando viajamos suelen darse los mismos estereotipos, los que planifican y los que improvisan sobre la marcha. Nuestro viaje por Bolivia está siendo todo un homenaje a estos últimos. Nos despedimos de nuestros evasivos anfitriones en la Isla del Sol con curiosidad por ver qué nos depararía el resto del país, ya que, en este aspecto, las comparaciones con Perú eran odiosas. El enésimo autobús que cogemos desde que estamos en Sudamérica nos lleva desde Copacabana directamente a La Paz, capital no oficial de Bolivia.

Catedral La Paz
La basílica de San Francisco, centro neurálgico de la ciudad 
mercado la paz bolivia
El mercado central nunca decepciona cuando se trata de comer y conocer gente
derecha no paasrá
Con tanto barullo por la derecha, lo más sensato sería conducir como los británicos
mercado de las brujas
En los puestos callejeros puedes encontrar cientos de remedios naturales para las patologías más extrañas

vista panorámica La Paz

Hasta ahora siempre nos habíamos marcado una ruta a seguir en base a los lugares que tenían más atractivo para nosotros, teniendo en cuenta el clima, los días que íbamos a estar, donde íbamos a dormir, cuáles eran los sitios más interesantes para visitar o cómo nos las apañaríamos para comer dentro de nuestro presupuesto. Pero como he dicho, las cosas son diferentes desde que estamos aquí. Hemos entrado en Bolivia como Jimmy McNullty en un bar de carretera: a por todas y sin plan de huida. No sabemos donde dormiremos esta noche, cuanto vale una cerveza o hasta que hora cantar en la calle no se considera molesto. 

La Paz nos impacta por su silueta. Es, literalmente, una olla a presión. Un enjambre de construcciones de color rojo y adobe que descienden desde lo alto de la montaña hasta el centro de la ciudad, hundida unos cuantos metros más abajo. A veces, la diferencia de temperatura entre ambas zonas en un mismo momento del día puede llegar a ser de hasta diez grados. No es esta una ciudad que tenga a priori muchos atractivos, pero a nosotros nos ganó. Su nombre juega al despiste, ya que es caótica, asfixiante y con un punto turbio, sí, pero es imposible aburrirse en ella.

amor en Bolivia
Imprescindibles de ayer y hoy; Máscaras de suegros para todos los gustos y edades

Calle Jaén La Paz

democracia casa
Democracia, esa con la que todos se acuestan pero muy pocos se casan
mercado alto bolivia
Las cholitas son una de las señas de identidad más coloridas y llamativas de toda Bolivia
estadio fútbol La Paz
La Paz, a sus pies

La verdadera cuestión es: ¿que nos ha pasado en Bolivia para que nuestro tiempo aquí sea un deambular constante? Cual es el barrio más adecuado para dormir, la compañía de autobús más fiable, los mercados menos turísticos o que recorrido es el más interesante para ir en teleférico. Son preguntas que antes destripábamos antes de llegar y que ahora resolvemos sobre la marcha. Lo que no he dicho, y sospecho que puede ser la clave de tanta indiferencia hacia la vida, es que llevamos más de un mes viviendo por encima de los 3.500 metros sobre el nivel del mar. Nos levantamos agotados y, a juzgar por las apariencias a la hora del café, reculamos ante el mero planteamiento de un plan coherente a medio plazo.

Aunque la verdad es que no es tan sencillo planearlo todo. Si lo fuese, todo el mundo lo haría. Del mismo modo que todo el mundo limpiaría la nevera, la llenaría de alimentos frescos y planearía sus comidas para cada día de la semana. Y, bueno, vivimos en un mundo en el cual comprar una botella de dos litros de agua sale más caro que comprar una de cinco. La comodidad, se paga. Y en un viaje, mucho más.

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