Tres días descalzos en Sevilla

Sevilla es conocida por ser un lugar folclórico. Cuando la gente piensa en esta ciudad, piensa en  flamenco, corridas de toros y adultos que visten túnicas puntiagudas con capucha una vez al año. En honor al folclore de Sevilla, la ciudad más española de las ciudades españolas (para bien o para mal), creo que sería adecuado escribir algunas observaciones superficiales, frívolas y sí, folclóricas, sobre algunas de las cosas que nos hemos encontrado durante nuestros tres días en Sevilla.

El Alcázar es una alegría para la vista, y el mejor ejemplo de arquitectura mudéjar que queda en la ciudad. Una síntesis sublime de arte islámico y cristiano, reflejo de cinco siglos de convivencia relativamente armoniosa. Cuando entras en el salón de Embajadores entiendes a Tyrion Lannister cuando afirmaba que ”La verdadera historia del mundo es la historia de grandes conversaciones en salones elegantes”. Los jardines que acompañan el palacio, perfumados con naranjos y salpicados de fuentes, son igualmente impresionantes. Tanto, que dan ganas de hacerse monarca. O al menos, de fingirlo por un instante.

Tres días En Sevilla

tres días en Sevilla

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Vamos a construir una iglesia tan grande que las generaciones venideras creerán que estábamos locos por hacer algo así”. Aunque la cita, atribuida al cabildo que inició su construcción a comienzos del siglo XV, tenga más de leyenda que de realidad, la catedral de Sevilla no deja de impresionar. Cuando uno sale de ella lo hace desorientado, como cuando sale del cine, que nunca tiene claro si está en alguna calle contigua o en otra ciudad. Pero en Sevilla, es fácil orientarse, ya que todos los caminos llevan a la Giralda, el espectacular minarete que acompañaba a la mezquita originalmente ubicada allí.

(NOTA: Si por alguna extraña mutación de tu personalidad no te gusta la cerveza, salta al siguiente párrafo). En la Edad Media, la cerveza era considerada sustituta natural del agua, ya que su contenido alcohólico la hacía mucho más resistente a las bacterias. De la combinación de ambas, probablemente, nació la Cruzcampo. Botellas de agua comercializadas como cerveza que, por motivos que todavía desconocemos, en Sevilla se beben a mares.

Cúpula del Alcázar

All-focus

Estábamos a 22 grados cuando llegamos a la Plaza de España (Noviembre, recordemos). Si existe en Europa alguna ciudad con mejor clima, me gustaría conocerla. La plaza en cuestión justificaría por sí sola una visita a Sevilla. Pocos lugares en el mundo mejores que este para no hacer absolutamente nada, la más infravalorada de las actividades. Desde nuestro paso por la Plaza de Armas de Cusco, no invertíamos tanto tiempo en una. 

Sevilla sin sevillanos, que maravilla” escribió Antonio Machado. No sabemos si tal afirmación viene a colación de quienes le rodearon durante su infancia, en el Palacio de las Dueñas. Este fue el lugar de nacimiento del poeta, perteneciente a la familia de Alba. Desde la muerte de la duquesa, el palacio está abierto al público. Su interior alberga una colección de arte de lo más ecléctica. Obras de Velázquez y tapices del siglo XIX comparten protagonismo con fotografías de Miguel Bosé, cabezas de toros, multitud de santos y figuritas de porcelana que no te llevarías a casa ni cobrando una recompensa por ello.

Creía que jamás se le ocurriría a nadie mostrar tal demencia al público, del mismo modo que a los dueños de un circo no les interesa que nadie sepa que es lo que hace un domador para evitar ser devorado por sus fieras. El que pasea por este palacio cae enseguida en la cuenta de que a) uno es muy muy pobre y b) quien lo habitaba tenía ligeras tendencias psicópatas. Como en tantas otras ocasiones, fui un ingenuo.

Viajar tres días en Sevilla

Los bares de toda la vida son como el tipo gracioso en una película de miedo. Queremos que sobrevivan, pero, en el fondo, sabemos que van a encontrar una muerte espantosa en algún punto del tercer acto. Mientras ese momento no llega, nuestra elección para tapear en Sevilla es el bar Las Golondrinas, en Triana. Esto podría ser un error. Y podría ser un acierto. Un error, porque me temo, tampoco es para tanto. Pero es un acierto porque tienen el mejor solomillo al whisky que hemos probado por aquí.

Tres días en Sevilla son suficientes también para tener en cuenta el cómo y el cuando. Desayunar a las 11:00, comer a las 15:00 y cenar a las 22:00, y casi siempre de pie. Y las copas hasta las 6:00, poco más de medianoche en España.

Solíamos pensar que estaríamos tres días en Sevilla caminando entusiasmados por sus calles. Seguimos pensando que es un lugar inimitable, con su estilo propio e inconfundible. Y lo es porque resulta muy fácil imaginar lo que una vez fue: la puerta de entrada al Nuevo Mundo. Además de la Roma de Trajano, la Atenas de los filósofos y el París de la ‘Belle Époque’, la Sevilla del siglo XVI fue por un tiempo el centro del mundo. Todos pasaron por aquí. 

Pero, en cierto modo, nuestros días fueron similares a ese instante en el que uno abre su maleta y se da cuenta de que ha olvidado traer un calzado apropiado. Los errores saltan a la vista a la llegada, cuando ya es demasiado tarde para remediarlo. Estabas tan ilusionado por el viaje y porque todo saliese como habías soñado que has descuidado algo esencial: tu comodidad. Y no hay maleta ni ciudad en el mundo a la que no le sobre o le falte algo.

Ni siquiera a una tan bonita como Sevilla.

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