La isla de Procida diez veranos después

Alfred Hitchcock no renunciaba a cuidar los detalles solo por la ausencia de tecnología punta. Su aclamada ‘La soga’ transcurre en un ático de Nueva York en supuesto tiempo real. En realidad, es un decorado pintado en el que 6.000 bombillas de colores, 200 tubos de neón y el movimiento de unos nubarrones de fibra de vidrio ayudan al espectador a creerse el paso del tiempo a lo largo del día. De camino a la isla de Procida, al sur de Italia, también sentimos estar ante el decorado de una película de los años 40 y, aunque hayan pasado diez años desde nuestra primera visita, parece que fue ayer.  

Siempre se ha dicho eso de que no se puede regresar a los lugares en los que has sido feliz, por aquello de estropear el recuerdo. Mentira. En Italia, basta con sentarse a comer. Pedí unos linguine con ragú de pez espada a medio metro del Mar Tirreno y sentí que era imposible superar eso. Al instante, vi que a una chica de la mesa de al lado le servían un bogavante tan grande que imagino que tuvo que ser abatido con arpones por unos heroicos balleneros. Definitivamente, la felicidad siempre es pasajera. 

Isla de Procida Italia
El verano al compás de Marina Corricella
Corricella apartamento
♬ … and she’s buying a stairway to Heaven ♬♬

Llegamos a Marina Chiaoilella en un trayecto asfixsiante en autobús conducido por un chófer con alergia al pedal de freno y a las oraciones compuestas. Al bajar, el olor a primavera riega el ambiente. La isla de Procida es tierra de limones, y eso se nota. Caminamos hacia el mar, vemos la isla de Ischia en el horizonte, y los recuerdos se suceden de inmediato. Como siempre dice Ángela, este el mejor momento de un viaje; la antesala de todo lo bueno que está por venir. María nos lleva al apartamento donde nos dejaremos morir un par de horas. En apenas treinta metros la saludan cuatro veces. Esta isla sigue teniendo carácter local, algo que aplaudimos. Es inevitable cambiar transcurridos diez años, pero hay cosas que todavía perduran.

A cinco minutos de casa dimos con una de las playas más conocidas de la isla, la Spiaggia della Chiaiolella, distinguida por sus puestas de sol. Prepararse para la playa con Valentina puede llegar a disuadirte de ir a la playa. Pero encuentras ganas incluso para ponerte crema solar, algo totalmente tedioso. Nuestra hija lleva tanto potingue encima que parece una niña de la dinastía Tang. Lo cierto es que resulta tan enigmática que podría haber sido un personaje más de la trama en ‘El talento de Mr. Ripley’, filmada aquí y culpable de mi tardía afición por el jazz. Si ella fuese una canción, sería sin duda A Night In Tunisia de Dizzy Gillespie

Mr Ripley Talento
Más cuestas de película, por favor
Chiaia playa
El muelle de la playa Chiaia, siempre en calma

Al día siguiente, ya en la otra parte de la isla, tras otro sofocante trayecto en autobús, una colección de escaleras empinadas nos hacen bajar y bajar hacia el mar, hasta que nos frotamos los ojos al ver de nuevo el puerto de Marina Corricella, el colorido barrio de pescadores que representa la postal más reconocida de Procida. Ahí nos damos cuenta de que todo esfuerzo ha valido la pena. De camino a la Piazza dei Martiri, observo a una familia alemana que mira con verdadero asombro las redes de pesca secándose amontonadas al lado del agua. Recordé a esos turistas que entran en Galicia haciendo el Camino de Santiago y les sacan fotos a las vacas compulsivamente, como si estuviesen delante de un ser mitológico.

La identidad de Procida es la de una isla que sigue su propio ritmo, en el que la tranquilidad es uno de sus principales estímulos. A Marina Corricella solo se puede llegar a pie o en barco, lo que contribuye enormemente a la calma general. La mayoría de la gente que nos encontramos a diario son los propios residentes de la zona, que saben muy bien el tesoro que tienen.

Italia viajes
Presto, presto o arrivi tardi, lumaca
Mejillones con pasta
Ah, Italia… 🤤🤤🤤

De todos los restaurantes de la Corricella, me quedaría a vivir en Caracale, del que hablaba al principio de este relato. Aunque sospecho que a Valentina no le gustaba en absoluto, porque siempre, sin excepción, lloraba en cuanto nos sentábamos a comer. Lo que ella aún no sabe es que su padre tiene que ser atropellado por las evidencias para poder reparar en ellas, que no hay remedio para eso, pero ya se dará cuenta. 

Spiaggia Chiaia se convirtió en nuestra playa. No es una de las diez mejores en la que hemos estado. Ni siquiera de las veinte mejores, para ser honestos. Pero el agua es transparente, estaba a la temperatura perfecta y las vistas del puerto mientras nadas compensan la suciedad de algunas zonas. En una cosa ha cambiado mucho con respecto a cómo era antaño: ahora tiene una parte privada (la que se limpia), de esas con sombrillas y tumbonas, tan habituales en Italia. Los italianos, por su parte, siguen fieles a sí mismos, es decir, hablando muy alto y llevando sin pudor bañadores tipo slip. 

Italia playa
Estiu del 23
Italia viajar
¿De qué estarán hablando?
Marina Corricella
Sueño de una tarde de verano

Engañar al ojo de una cámara, como hacía Hitchcock, es mucho más sencillo que engañar al ojo de un visitante, pero existen lugares que no tienen truco.

Ya no se pintan decorados para el séptimo arte, ni se descubren todos los días escenarios tan genuinos como Procida, pero permanecen ahí como verdaderas reliquias para la memoria.

8 comentarios en “La isla de Procida diez veranos después

  1. Avatar de Pilipi

    Maravilloso!
    Nueva necesidad de destino desbloqueada!

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  2. Avatar de Carlos Menéndez

    ¡Qué pueblo tan bonito!

    ¡Y las fotos: preciosas!

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    1. Avatar de Villaverdus

      Las fotos no hacen justicia a lo bonito que es, te lo digo 😄

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  3. Avatar de Inés de Pablo

    Maravilla! Muy buenas fotos, ( como siempre)

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