Volver a viajar

El otro día leí que Shakespeare aprovechó una cuarentena para escribir Macbeth.  ”La peste fue la fuerza más poderosa que moldeó su vida y la de sus contemporáneos”, escribió Jonathan Bate, uno de sus biógrafos. No te jode, Shakespeare. Sin hijos, sin wifi, Twitter o Netflix, cualquiera escribe un novelón.

En estos tiempos ya no se escriben novelas de esa trascendencia, sino que soñamos con hacerlo, en el mejor de los casos. En otros, mejor no saber. Ángela me dijo que la otra noche estuve riendo a carcajadas mientras dormía, la misma noche en la que vimos ‘El Silencio de los Corderos‘ antes de irnos a la cama. Menos mal que la memoria es selectiva.

Sin embargo, existen otra clase de sueños, los peligrosos, esos que tenemos cuando estamos despiertos. De adolescente, la noche anterior a una cita, solía pensar en las cosas que diría, en cómo sortearía algunas situaciones, en cómo sacaría temas de conversación. Soñaba con la frase perfecta para cada momento. Tardé un tiempo en asimilar que la realidad siempre esconde un as en la manga, por eso las cosas nunca sucedían tal como las imaginaba.

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Aún así, en la postadolescencia (que viene a ser el resto de tu vida), adopté esa costumbre en mi día a día. Empecé a soñar con éxitos profesionales, logros deportivos, con cosas disparatadas. Soñaba con ver en directo a grupos que ya no existían, con hacer saltar la banca de un casino de Las Vegas, con Charlize Theron o la eterna juventud.

Pero sobre todo, empecé a fantasear con conocer el mundo. Con cosas del todo terrenales. Por mi imaginación pasaban desiertos inaccesibles, algunas de las selvas más antiguas del planeta, ballenas enormes, islas desiertas, El Transiberiano, volcanes activos, Madagascar, cementerios de barcos, tribus que disparaban dardos envenenados. Soñaba con todo aquello que pasaba por mi cabeza, con todo aquello que pudiese sorprenderme.

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El confinamiento no solo ha cambiado nuestra existencia, lo cual es obvio. El coronavirus ha cambiado también la medida de nuestras ilusiones. Ahora antes de dormir ya no pienso en lo extraordinario sino en lo esencial: estar sano y pagar las facturas. Aunque, por otra parte, también estoy descubriendo cosas mientras estoy encerrado. Entre Netflix, HBO y Amazon Prime he caído en la cuenta de que paso más tiempo buscando qué ver, que realmente viendo algo. He descubierto que estoy en demasiados grupos de Whatsapp. He descubierto que el teletrabajo, como los países nórdicos o David Lynch, está sobrevalorado.

Es bastante egoísta, lo sé, pero echo de menos ese hormigueo la noche anterior a un viaje. Echo de menos caer en la desesperación con esos pasajeros que vocean en un avión a las ocho de la mañana. Echo de menos ver a través del cristal de un autobús y no reconocer el paisaje. Echo de menos echar de menos las persianas. Echo de menos hasta lo más irracional: tener pinta de guiri e ir por ahí pensando que me pueden timar en cualquier momento.

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Amigos, cerveza fría, el mar. Después de todo, lo cotidiano será lo mejor que volveremos a tener

Cuando acabe esta locura y volvamos a la normalidad, viajar será un buen termómetro para saber cómo está la sociedad. No me refiero tanto a la crisis sanitaria, ni a la económica, sino a cómo estaremos anímicamente. Un amigo me dijo el otro día, ”Estoy deseando coger un avión a cualquier parte”. Para él, y para muchos, viajar está en nuestra naturaleza. Volver a viajar provocará más que nunca una reacción contra nuestra propia monotonía. Y aunque al final cada uno recuperará la autoestima a su manera, no me cabe ninguna duda de que jugará un papel fundamental en todo este proceso.

Lo será para añadir emoción a nuestros calendarios. Para ver lo que no es visible, lo que está a la vuelta de la esquina. Para tener otra perspectiva. Para compensar la tensión de los aeropuertos. Para ver Venecia una vez más. Para constatar que echamos de menos estar en casa sólo cuando estamos fuera, y para certificar la vuelta a la normalidad, si es que aún queda algo de eso ahí fuera.

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Horacio Gil dice:

    Volveremos a viajar. Por H o por B llevo más de un año y medio sin salir de España. Tengo ya claustrofobia. Feliz domingo y que la cuarentena nos deje viajar pronto. Un beso.

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    1. villaverdus dice:

      Seguro que sí, más pronto que tarde esto tendrá que terminar. Un abrazo!

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  2. Elana dice:

    Buf! Estupendo artículo. No sabes cómo me he identificado con lo que has escrito. Y sí, espero que podamos volver a viajar, quiero creerlo, pero la realidad me lleva a soñar con viajes cada vez más cercanos y… ¡yo quiero irme lejos!

    Le gusta a 2 personas

    1. villaverdus dice:

      A mí es que eso de ‘Nueva normalidad’ me da escalofríos, suena a una de esas sectas que salen en las películas de tarde de Antena 3 😄 Mi cabeza también quiere irse lejos lejos, Elana, pero habrá que esperar, me temo. Gracias por pasarte! ☺️

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