Tren en Myanmar por el viaducto Gokteik

El mundo se está quedando poco a poco sin cosas que comprar por 75 céntimos. Eso fue lo que nos costó un billete de segunda clase para viajar en tren en Myanmar por el viaducto Gokteik. Por ese precio también puedes hacer un avión de papel con el resguardo que te entregan en la taquilla. Es una maravilla, o me lo parece a mí.

Si una persona visita Yangon (la antigua Rangún, ciudad colonial británica), los asombrosos templos de las llanuras de Bagan o Mandalay, es posible que tenga una perspectiva un tanto limitada de Myanmar. Porque Hsipaw o Pyin-Oo-Lwin, situados en las tierras altas del estado Shan, son definitivamente algunos de los lugares más absorbentes que puedes descubrir.

Cuando los británicos gobernaron Birmania, permitieron que esta región fuera relativamente independiente. Con el paso del tiempo, su autonomía quedó muy debilitada, especialmente después de la federalización del gobierno birmano en los años setenta. En la apacible Hsipaw, nuestro punto de partida, puedes visitar algunas aldeas remotas entre cascadas, plantaciones de té y campos de arroz. Hoy en día sigue siendo una zona tribal rebelde que el gobierno intenta controlar. Por ahora, hay que decir que no han tenido demasiado éxito.

Mandalay puente
El puente U Bein de Mandalay al caer la tarde
Hsipaw trekking Pankam
La aldea de Pankam bien vale una caminata desde Hsipaw

El tren de Mandalay a Lashio en Myanmar es una ruta ferroviaria histórica que se remonta al período colonial británico. Este es un viaje conocido por su belleza escénica, que zigzaguea a través de las montañas cruzando valles y desfiladeros profundos, y que nos lleva a los tiempos de la antigua Birmania. El viaducto Gokteik es la mayor atracción de la ruta; con casi 700 metros de longitud y 102 de altura, es un hito de la ingeniería poco recomendable para viajeros con vértigo.

Llegamos a la estación de Hsipaw muy temprano, el frío apretaba y aparentemente no había rastro de civilización humana. Al entrar, conocimos a un español llamado Javier. Como nosotros, estaba recorriendo toda Asia, aunque pronto nos dejó claro que para él »Tailandia, lo mejor». Lo acompañaba Paolo, un genovés que resultó ser un compañero de viaje encantador, de esos que llenan de vitalidad cualquier habitación.

Cuando el tren entra puntual en la estación, alguien hace sonar un silbato y un montón de gente aparece de la nada, comenzando a cruzar las vías sin ni siquiera hacer el amago de mirar a los lados; todos saben perfectamente que un tren birmano se mueve a una velocidad que te permite leer ‘El conde de Montecristo’ antes de atropellarte, aunque lo veas a menos de 300 metros.

Myanmar tren
Nuestro compartimento de segunda clase en un tren en Myanmar hacia el viaducto Gokteik
Gokteik Myanmar
 🎵 I’m so free 🎵🎵

Durante la primera parte del viaje, el tren avanza lentamente y se abre paso entre la espesa jungla birmana, y parece que al maquinista le han robado sus habilidades los malos de Space Jam. Y es que debido a que la mayoría de las vías no reciben el mantenimiento adecuado, hoy en día los trenes se tambalean un poco, por decirlo de manera diplomática.

Como el sistema de aire acondicionado del tren es de una sencillez aplastante (esencialmente agujeros sin vidrio), un consorcio de insectos nos hace compañía. En los pasillos, una chica ofrece ese producto adictivo que mascan tantos birmanos. Además de dejarte la boca tan bonita como un pie sin uñas, parece que te mantiene despierto. Sin embargo, con tantos estímulos alrededor, no nos hace falta nada para que nuestros sentidos estallen. En el tren se palpa ese inconfundible aroma que trae la aventura; la sensación de estar en un entorno completamente ajeno al nuestro. La razón por la que viajamos.

Después de unas horas en tren por Myanmar, llegamos al viaducto Gokteik. Reducimos mucho la velocidad para no forzar la antigua estructura y evitar completamente el balanceo. Miré con asombro lo que había debajo de nosotros. Me recordó a aquella escena de Harry Potter, cuando el Expreso de Hogwarts cruzaba el viaducto de Glenfinnan. Se veía un verde infinito en todas direcciones, excepto por la pared rocosa de color marrón oscuro hacia la cual nos dirigíamos. Vimos también algunas cascadas, con sus aguas cayendo sobre la selva. Un espéctaculo extraordinario, sin duda.

Viaducto Gokteik tren
El viaducto Gokteik elevándose sobre la jungla
Viaducto Gokteik
¡No mires abajo!
Purcell tower
Y de repente, Pyin Oo Lwin

Pyin Oo Lwin, nuestro destino, es tan insólito y memorable como el viaje en tren en Myanmar por el viaducto Gokteik. Esta pequeña ciudad a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar tiene una arquitectura única, plagada de viejos edificios coloniales británicos. Los taxis locales son carruajes tirados por caballos, los jardines están más cuidados que en una ciudad europea e incluso tienen un pequeño Big Ben. Un mundo completamente diferente al que dejamos esta misma mañana.

Por la noche, asuntos importantes me trajeron algún que otro dolor de cabeza. Se jugaba el Madrid-Barça, y por allí no parecía importarle a nadie salvo a mí. Después de mucho preguntar, nos subimos a unas motos y dimos con un pequeño restaurante donde estaban poniendo el partido. Gracias, globalización. Todos iban con el Madrid, pero daba igual. Bromeamos y reímos durante todo el encuentro, sin entendernos ni media palabra; celebré los goles del Barça y nos abrazamos deportivamente al final.

Visto con perspectiva, allí nada tenía sentido, pero al mismo tiempo, todo encajaba. La nostalgia también es eso. Nunca dejará de sorprenderme el poder del fútbol como lenguaje universal. Nunca seremos tan libres como en aquel año entero viajando. Nunca pensé que echaría de menos los trenes birmanos.

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