Annapurna. Capítulo uno: Pokhara

Durante mi adolescencia jugaba al fútbol con mis amigos los fines de semana. Si el partido caía en sábado, le plantábamos cara a cualquiera, pero cuando había que presentarse en el ring un domingo, después de dormir -con suerte- tres horas, la crónica cambiaba bastante. Cada día se desarrollaba igual. Antes del partido, me convencía de…